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Restaurante Bar Olia & Mimi: diseño interior en tres actos

Olia & Mimi
Foto: Conrad Brown

Cómo Ste Marie convierte una planta baja en un guion de luz, calma y madrugada

En Edmonton, el Restaurante Bar Olia & Mimi ocupa la base de Citizen on Jasper, una nueva torre residencial que decidió no “esconder” su vida pública: la puso en primer plano, a nivel de calle. Ste Marie diseñó aquí una secuencia de 3 espacios —Va!, Olia y Mimi— encargados por el chef Daniel Costa (Corso 32 Group), conectados por accesos para residentes y entradas desde la calle.

Lo interesante no es solo la suma de un café, un comedor y un lounge nocturno, sino la coreografía: cómo el interiorismo y la arquitectura interior comercial ajustan el “tempo” del día. El proyecto se lee como una película de jornada completa, donde el recorrido, la luz y la materialidad te llevan de un espresso breve a una sobremesa larga, y de ahí a la penumbra con música.

El Restaurante Bar Olia & Mimi forma parte de un tríptico de hospitalidad en la planta baja de Citizen on Jasper (Edmonton), diseñado por Ste Marie. Cada ambiente propone un ritmo distinto —café, cena y lounge— unido por transiciones suaves de luz, materiales cálidos y un recorrido que equilibra vida pública y privacidad residencial.

Una planta baja que funciona como escena y como umbral

En proyectos de uso mixto, la planta baja suele resolver lo práctico: recepción, circulación, locales. Aquí se intenta algo más delicado: convertir el zócalo del edificio en una extensión cotidiana del hogar y, a la vez, en un destino de barrio. Ese doble rol aparece desde la estrategia de umbral: residentes que acceden de forma interna y discreta, y público que entra desde la calle, con la sensación de estar invitado, no tolerado.

Olia & Mimi
Foto: Conrad Brown

El acierto está en cómo el recorrido no se limita a “conectar” tres locales, sino que administra expectativas. Cambia la altura percibida, cambia la densidad de la luz, cambia la textura bajo la mano. Y esos cambios, casi imperceptibles, hacen que tu cuerpo entienda qué tipo de conversación cabe en cada lugar: la pausa rápida de la mañana, el tiempo elástico de la cena, la energía social de la noche.

Como huella de proceso, la decisión sugiere un trade-off clásico: continuidad narrativa sin uniformidad. Mantener un “hilo” común, pero evitando que todo se sienta igual. La solución no parece venir de un gesto icónico, sino de ajustar muchas variables pequeñas hasta que el día fluye sin cortes.

Olia: calidez medida, club privado sin solemnidad

Olia baja el ritmo. Su composición apuesta por la cercanía: madera, cuero, piedra clara y brillos controlados que no buscan espectáculo, sino permanencia. Aparecen nogal portugués en mesas a medida, bancos de cuero crudo, mármol crema pulido y gabinetes lacados en tonos leonados de alto brillo que enmarcan una barra de cristal acanalado retroiluminado.

Ste Marie
Foto: Conrad Brown

Es una paleta que trabaja como sonido de fondo: cálida, estable, sin estridencias. En términos arquitectónicos, Olia se comporta como una habitación “buena” que no quiere intimidarte. El propio estudio describe el espacio como un comedor clásico que no se permite ser demasiado clásico, una calibración que suena a iteración: cuánto refinamiento aguanta el lugar antes de volverse rígido.

En la experiencia, eso se traduce en detalles que te invitan a quedarte un poco más: el borde suave del banco, el reflejo del mármol que no encandila, la barra como punto de apoyo para empezar la noche sin compromiso. Si entras solo, el espacio te da permiso para observar; si llegas con amigos, te acomoda para compartir sin subir el volumen.

La luz como edición: del día filtrado al amarillo mantecoso

En Olia, la iluminación no “aparece” como un efecto; se comporta como un reloj. De día, la luz entra filtrada por cortinas transparentes, y el interior se siente aireado, casi doméstico. Luego, las luminarias colgantes —grandes y difuminadas— empujan el ambiente hacia un resplandor mantecoso que cae sobre superficies pulidas y rincones tranquilos sin romper la conversación.

Olia & Mimi
Foto: Conrad Brown

Ese tipo de transición importa porque evita la teatralidad del cambio brusco. En lugar de “ahora empieza la noche”, el espacio te acompaña: se apagan los bordes, se concentra la atención, el comedor se vuelve más íntimo. La iluminación de acento y el arte suman ritmo (color, textura, pausas visuales) para que el lugar no sea un plano uniforme, sino una composición por capas.

El efecto cotidiano es simple y poderoso: el tiempo se estira. Pides un plato más, cambias a vino, o decides quedarte en la mesa porque la luz ya hizo el trabajo de bajar el pulso sin pedírtelo explícitamente.

Mimi: cine, terciopelo y sonido como material

Mimi toma la posta cuando la ciudad oscurece. Aquí el lenguaje se vuelve más explícito: referencias cinematográficas, glamour de lounge y una energía diseñada para que la noche “no tenga prisa”. La paleta mezcla marrones profundos y rojos brillantes, tonos ámbar, mármol Rosso Rubino y gestos de cromo, con sofás a medida de terciopelo en naranja quemado que recuerdan los salones hundidos de los sesenta.

Olia & Mimi
Foto: Conrad Brown

La iluminación se apoya en la repetición de lámparas colgantes tipo cápsula: una luz tenue y pareja que unifica el espacio y deja que el brillo aparezca donde importa (borde cromado, veta de nogal, copa en mano).

Y aquí entra un punto clave de interiorismo contemporáneo: el sonido. Mimi incorpora un sistema L-Acoustics, que completa la escena con una banda sonora curada (soul vintage, jazz, deep disco), a veces intervenida por el propio chef. No es un “extra técnico”: es atmósfera. Cuando el audio es nítido y envolvente, la voz baja; el cuerpo se mueve distinto; la noche se organiza sin necesidad de señales.

El espresso que activa todo el guion

Aunque el foco caiga en Olia y Mimi, el proyecto se entiende completo con Va!, el café de día que abre el arco narrativo. Va! toma referencias de fornos y caffès romanos y equilibra durabilidad con familiaridad: acero inoxidable, nogal natural, y azulejo verde y blanco, con acabados de alto brillo donde lo cotidiano necesita resistencia.

Olia & Mimi
Foto: Conrad Brown

En términos urbanos, Va! hace una tarea invisible: “ensancha” la planta baja hacia la calle desde temprano. Si pasas por un café rápido, el edificio deja de ser un volumen residencial y se vuelve parte del barrio. Y cuando vuelves por la noche, ya conoces el lugar: el guion te reconoce.

El estudio de diseño Ste Marie lo resume desde su propia filosofía: diseñar para evocar una sensación y “activar” lo que un lugar puede ser. Aquí esa intención se vuelve concreta: una planta baja que cuida los ritmos humanos y hace de la hospitalidad una práctica diaria, no un evento.

Al final, el Restaurante Bar Olia & Mimi no se impone como postal; funciona como un calendario: luz que marca horas, materiales que sostienen el uso, y atmósferas que te invitan a elegir tu escena. ¿Tú con cuál te quedas: la pausa dorada de Olia o la penumbra rítmica de Mimi?

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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