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Emily Resort: diseño interior con sicómoro suspendido

Emily Resort

Un atrio de cinco plantas donde el símbolo reemplaza a la lámpara

En la región de Lviv, Ucrania, el Grand Emily Hotel forma parte del nuevo Emily Resort en Vynnyky, a pocos minutos de la ciudad. Y en su vestíbulo pasa algo raro (en el mejor sentido): en vez de una lámpara central, te recibe un árbol suspendido.

El proyecto de interiores de YOD Group no busca impresionar con “decoración”, sino con una idea: convertir la llegada al hotel en un momento con peso emocional. Aquí, el protagonista no está en el mostrador ni en una pieza de arte lateral, sino en el centro del aire, visible desde varios niveles, como si el edificio respirara alrededor de él.

El vestíbulo de Emily Resort, diseñado por YOD Group, suspende un sicómoro real en un atrio de cinco plantas. La pieza sustituye a la lámpara central y organiza la llegada: contraste entre geometría y naturaleza, puntos de vista por nivel y una atmósfera ligera que se puede reconfigurar.

El atrio de Emily Resort: un árbol en lugar de una araña

La decisión clave es tan simple como radical: rechazar la lámpara de araña (chandelier) como gesto automático de hotel y apostar por una instalación escultórica con sentido. El sicómoro cuelga en el vacío del atrio y estira su presencia a lo largo de cinco plantas, con las raíces a la vista y las ramas dibujando una silueta seca, casi gráfica.

El símbolo es directo: raíces, familia, crecimiento, flexibilidad. Pero lo interesante es cómo esa metáfora se vuelve espacial. No la “entiendes” solo con la cabeza; la sientes con el cuello cuando miras hacia arriba, con el paso cuando rodeas el vacío, con la pausa inevitable que aparece antes de seguir al ascensor.

Y abajo, el gesto se vuelve íntimo: puedes recostarte en un puf redondo de cuero y contemplar el árbol desde su base, como si el vestíbulo te invitara a frenar el ritmo de llegada. En un lugar de tránsito, esa pausa no es un lujo: es una coreografía.

Geometría rítmica vs. silueta orgánica

El árbol funciona porque el resto del espacio se controla con disciplina. La geometría rítmica de los paramentos, las líneas horizontales de los suelos, las verticales del revestimiento y las diagonales de las barandillas metálicas construyen un fondo casi musical: repetición, compás, tensión.

En ese marco, la forma orgánica del sicómoro no “decora”: discute con el edificio. Lo hace más legible. Tú lo notas al moverte por las plantas: cada tramo de escalera encuadra una parte distinta del árbol, y cada descanso cambia la escala, como si el atrio fuera una secuencia de planos.

Emily Resort

Esa fricción entre lo vivo y lo construido tiene una consecuencia cotidiana: el espacio te guía sin señales. Sigues el vacío, te orientas por la pieza, entiendes dónde estás por la altura del tronco. No hace falta pensar; basta caminar.

Del tronco real al gemelo digital

Hay una huella de proceso que explica el nivel de precisión del gesto: el sicómoro fue limpiado, secado y estabilizado antes de colgarse, y su forma se escaneó en 3D para integrarla en las visualizaciones del proyecto.

Ese detalle, que podría parecer técnico, cambia la lectura: no se trata de “colgar un árbol” y ajustar después, sino de diseñar con el objeto real como referencia exacta desde el inicio. Es un tipo de control que no se ve como gadget, sino como coherencia: la estructura, la escala del atrio, la relación con las circulaciones… todo parece haber sido ensayado para que el árbol no sea un accidente, sino un sistema.

En la experiencia, esto se traduce en calma: cuando algo está bien resuelto, tu cuerpo lo percibe. No hay sensación de improvisación, ni de “efecto wow” que envejece rápido. Hay una pieza fuerte que encaja.

Puntos fotográficos sin “photo spot”

YOD Group evita diseñar “zonas de fotos” como destino explícito. En su lugar, plantea elementos únicos que sostienen el concepto y, por consecuencia, se vuelven puntos de interés naturales. Aquí, el árbol hace justo eso: desde cada planta se ve un fragmento distinto, y el edificio regala múltiples encuadres sin pedirte que poses.

Emily Resort

Lo interesante es la ética silenciosa de esa decisión. En tiempos de interiores diseñados para ser fondo de selfie, este vestíbulo propone otra cosa: que la imagen sea un subproducto del recorrido, no el objetivo del espacio.

En la práctica, se nota en microgestos: gente que se detiene, mira, vuelve a mirar desde otra altura; alguien que baja un piso “solo para verlo desde abajo”; una conversación que se interrumpe porque el atrio tira de la atención. La fotografía aparece, sí, pero como registro de una experiencia, no como consigna.

Emily Resort: patios hundidos y fuego detrás de vidrio

El salón central con atrio conduce hacia una zona de estar donde aparecen dos patios imaginarios: cuadrados hundidos en el suelo, con sofás alrededor de la columna. Dentro de esa columna, las chimeneas quedan protegidas por vidrio.

La escena mezcla dos ideas que suelen estar separadas en hoteles: monumentalidad y refugio. El atrio es vertical y abierto; los patios, en cambio, te bajan el centro de gravedad. Te sientas “dentro” del plano del suelo, el sonido cambia, la conversación se recoge. Y el fuego, encapsulado, suma calor psicológico sin convertir el vestíbulo en una postal literal.

Es fácil imaginar el uso real: esperar un check-in largo sin sentirte expuesto, leer con luz baja mientras el atrio sigue vivo arriba, o simplemente encontrar un lugar donde la llegada se vuelve estancia.

Una pared que se puede recomponer con un gesto

El proyecto también busca ligereza visual con una historia: la brisa matutina sobre el lago y los juncos. Esa idea se materializa en el revestimiento del pasillo, hecho con tableros móviles fijados en una ranura que permite desplazar la composición: al mover el primer tablero, el patrón cambia.

YOD Group

Más que un truco, es una forma de introducir tiempo en el interior. El espacio no es una foto fija: puede variar, respirar, reacomodarse. Y eso, en un hotel, tiene un efecto bonito: el lugar no se agota en la primera visita. Si vuelves a pasar por el pasillo, podrías encontrar otra lectura, otra vibración.

En términos cotidianos, es el tipo de detalle que convierte un tránsito en algo atento: una pared que te devuelve la curiosidad, como cuando el viento mueve el agua y el paisaje nunca es exactamente el mismo.

Lo que se queda contigo al salir del Emily Resort

El vestíbulo de Emily Resort demuestra que un “ícono” no tiene que ser un gesto ruidoso: puede ser un símbolo suspendido que ordena el espacio, marca el ritmo del recorrido y te regala una pausa real en la llegada. ¿Qué prefieres en un lobby: una pieza que impresiona rápido o una que te acompaña mientras te mueves?

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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