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Casa Laranjeiras: reforma sobre la arquitectura de Bernardes + Jacobsen

Casa Laranjeiras

La reforma de Studio Marina Salles actualiza una residencia costera desde el uso, el clima y la memoria material

Casa Laranjeiras, en Paraty, Río de Janeiro, entra en una nueva etapa sin recurrir al gesto fácil de empezar de cero. La residencia, proyectada en 2009 por Bernardes + Jacobsen y convertida con los años en refugio familiar de veranos, reuniones y temporadas largas, ha sido renovada por Studio Marina Salles Arquitetura e Interiores con una premisa poco frecuente: tocar mucho sin que la casa parezca otra.

La intervención no se lee como un cambio de estilo, sino como un ajuste fino entre arquitectura original, desgaste costero y hábitos actuales. En una casa frente al mar, conservar no significa dejar intacto: significa decidir qué se restaura, qué se ventila mejor, qué materiales soportan la humedad y qué muebles pueden seguir contando la historia familiar sin volverse una carga.

La reforma empieza donde la casa más sufre

La costa no perdona las decisiones superficiales. El salitre, la humedad constante y la corrosión obligan a pensar la reforma desde la resistencia cotidiana antes que desde la imagen. En Casa Laranjeiras, esa lógica aparece en intervenciones que no buscan protagonismo, pero cambian la experiencia de uso: restauración de materiales afectados por el clima, actualización de acabados, renovación de equipamientos y correcciones puntuales para que la casa siga funcionando con naturalidad.

Casa Laranjeiras

También por eso resulta pertinente que Marina Salles conozca la obra desde dentro. La arquitecta trabajó durante más de una década en el estudio responsable del proyecto original, y esa cercanía se nota en el tono de la reforma. No hay voluntad de competir con la arquitectura previa ni de imponer una firma nueva sobre la anterior. La operación se parece más a una traducción entre dos momentos de la misma casa: el de su construcción y el de una familia que ya cambió.

El mejor indicador de esa actitud está en lo que normalmente pasa inadvertido en las imagenes: los brise-soleil de madera restaurados en fachada, la actualización del sistema de iluminación manteniendo su lógica original y la sustitución de piezas expuestas al desgaste por soluciones más eficientes. Lo contemporáneo aquí no entra como novedad visual, sino como capacidad de durar mejor.

La sala y la veranda miden el cambio sin romper la imagen

La sala principal y la veranda condensan el criterio de toda la intervención. En esta reforma costera, el interior no se reorganiza para producir un contraste nuevo, sino para ajustar la casa sin romper la imagen que ya tenía. La pared de piedra y la chimenea lineal siguen organizando el espacio, mientras los sofás, las chaises de Etel Carmona y otras piezas de la colección familiar se recuperan con nuevas tapicerías en blancos rotos, arenas y tierras.

En el interior, la pared de piedra y la chimenea lineal siguen organizando el espacio, mientras los sofás, las chaises de Etel Carmona y otras piezas de la colección familiar se recuperan con nuevas tapicerías en blancos rotos, arenas y tierras. No es una paleta pensada para “refrescar” la casa en abstracto; sirve para que la materia existente —madera, fibra, piedra, vegetación— siga llevando el peso de la atmósfera.

Casa Laranjeiras

Ese mismo cuidado aparece en la veranda, que funciona como la verdadera bisagra entre la casa y el paisaje. Los sofás y butacas restaurados, incluidas las piezas de Carlos Motta, conservan la idea de estancia abierta al jardín y al mar, pero ahora trabajan con textiles más preparados para el uso costero. La nueva encimera de piedra en la barra gourmet y el panelado de madera ajustado recuperan continuidad sin teatralizar la reforma.

Hay un objeto que resume bien esa manera de intervenir: la mesa de centro diseñada por Marina Salles en madera maciza, con piezas cerámicas pintadas a mano por Flávia Del Pra incrustadas en la superficie. No rompe con el lenguaje de la casa ni intenta volverse icono autónomo. Introduce, en cambio, una capa artesanal y específica que encaja con la escala doméstica del proyecto y evita que la actualización se reduzca a cambiar tapizados y mover objetos.

El confort se vuelve visible en la ventilación

Muchas reformas costeras hablan de bienestar, pero lo dejan atrapado en una palabra vaga. Aquí el confort se vuelve visible en decisiones concretas. La cocina se rehace con carpinterías listonadas y ventiladas, un detalle importante en un clima húmedo, combinado con módulos inferiores claros, vitrinas con marco de madera y superficies en tono marfil que amplían la luz. No hay una cocina espectáculo: hay una cocina pensada para respirar mejor y envejecer con menos fricción.

Casa Laranjeiras

La misma inteligencia baja de escala y se reparte por los dormitorios, los armarios y los baños. En las suites, las puertas en caña sintética tejida o tejidos técnicos favorecen la ventilación continua; en los baños, la carpintería suspendida con listones aligera el volumen de guardado y evita encerrar la humedad; en las paredes, la pintura mineral en blanco roto añade una textura leve que no compite con la estructura de madera ni con la luz cambiante del exterior.

Ese tipo de decisiones suele quedar fuera del relato más vistoso del interiorismo, pero aquí son centrales. En una residencia de verano, abrir un armario y encontrar aire, entrar a un baño y no sentir un bloque pesado, cocinar con luz pareja y ventilación cruzada no son lujos secundarios. Son las condiciones que permiten que la casa siga siendo habitable cuando termina la sesión de fotos.

La memoria aquí no se conserva como reliquia

La reforma acierta especialmente cuando entiende que la memoria familiar no vive en la nostalgia decorativa, sino en la posibilidad de seguir usando la casa sin solemnidad. Por eso se restauran muebles existentes en lugar de sustituirlos por un set homogéneo, se redistribuyen fotografías familiares en las habitaciones y se conserva la continuidad material de los espacios principales en vez de parcelarlos con un lenguaje nuevo para cada ambiente.

Studio Marina Salles Arquitetura e Interiores

En la mezzanine, por ejemplo, el gran sofá se retapiza en terracota y un mueble bajo diseñado por el estudio sustituye a una antigua librería de suelo a techo. El cambio parece menor, pero modifica la lectura del espacio: entra más aire, la vista hacia el exterior se libera y la estancia deja de sentirse ocupada por almacenamiento. No es solo una mejora formal. Es una corrección de peso visual y de uso.

Algo parecido sucede en los dormitorios. Los cabeceros de madera, la iluminación indirecta, las mesillas nuevas y la ropa de cama en tonos terrosos mantienen una continuidad serena con el resto de la casa, pero cada suite conserva una identidad suficiente para no parecer repetición. La memoria, en ese sentido, no se exhibe como pieza intacta: se reorganiza para que siga formando parte del presente.

Una casa junto al mar también se reforma para durar

Hay reformas que confunden respeto con inmovilidad y otras que usan la palabra actualización para justificar un borrado total. Casa Laranjeiras evita ambos extremos. Su interés está en mostrar que una casa costera puede cambiar de época sin romper la relación entre estructura, paisaje y vida doméstica que le dio sentido desde el principio.

Studio Marina Salles Arquitetura e Interiores

Eso vuelve especialmente fértil el trabajo de Studio Marina Salles. La reforma no busca una segunda autoría más visible que la primera, sino una continuidad más precisa entre lo heredado y lo corregido. En una tipología tan expuesta al desgaste como la residencia junto al mar, esa decisión tiene peso cultural y no solo técnico: recuerda que preservar una casa también implica prepararla para seguir recibiendo cuerpos, rutinas, humedad, silencio y sobremesas sin volverse frágil.

Casa Laranjeiras no necesitaba parecer nueva. Necesitaba resistir mejor el tiempo que ya tenía encima.

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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