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Casa Entre Encinas: privacidad y vista abiertas hacia Madrid

Unode Estudio
Fotografía: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)

Una vivienda en Las Rozas que convierte el paisaje en la primera habitación

En una zona residencial de Las Rozas (Madrid), Casa Entre Encinas se posa en una parcela poblada por encinas con una idea clara: que la arquitectura no “gane” al jardín, sino que negocie con él. El proyecto, firmado por Unode Estudio, busca vistas abiertas hacia Madrid sin renunciar a un alto grado de privacidad.

En Casa Entre Encinas, todo está pensado para que la vida fluya sin esfuerzo. La casa se apoya en el terreno para conectar interior y jardín sin escalones, crea transiciones suaves entre el salón y los porches, y usa una fachada sur plegada que abre las vistas y, al mismo tiempo, tamiza el sol para que entre luz sin exceso de calor.

Casa Entre Encinas es una vivienda unifamiliar en Las Rozas (Madrid) diseñada por Unode Estudio sobre una parcela con encinas. Se implanta para ganar vistas y privacidad, y organiza la casa alrededor de una doble altura, con una fachada plegada que regula sol y apertura.

Implantación: cuando “el punto óptimo” evita escalones y mejora la vida diaria

El proyecto de la Casa Entre Encinas se coloca estratégicamente en el punto de la parcela que equilibra dos deseos a menudo opuestos: mirar lejos y no sentirse expuesto. La topografía se aprovecha para que los espacios principales y las zonas exteriores se desarrollen al mismo nivel, evitando desniveles entre salón, porches, terrazas y jardín.

Unode Estudio
Fotografía: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)

Esa continuidad se nota en cosas pequeñas: salir con una bandeja al porche sin buscar el último escalón, que los niños entren mojados del jardín sin crear “zonas de riesgo”, o que una conversación se estire hacia fuera sin que el cuerpo tenga que adaptarse al terreno.

Un volumen plegado que se abre: la fachada sur como herramienta, no como gesto

La casa se concibe como un volumen plegado que se abre progresivamente hacia el exterior. En la fachada sur, esos pliegues no parecen capricho formal: acompañan los recorridos interiores y orientan las estancias hacia las vistas, mientras ayudan a controlar la entrada de sol a lo largo del día.

La decisión sugiere un trabajo de calibración paciente: cada quiebre marca un “sí” a una visual y un “no” a un deslumbramiento. Cuando el sol está alto, el pliegue actúa como sombra útil; cuando cae, la casa sigue dejando entrar luz sin convertir el estar en un foco de calor.

El corazón en doble altura: un salón-comedor que funciona como plaza interior

El núcleo social se organiza en torno a un gran espacio central en doble altura que alberga el salón-comedor. Desde ahí, la vivienda gana una sensación de amplitud que no depende de “metros” exhibidos, sino de aire y mirada: una pieza que conecta niveles y, sobre todo, conecta rutinas.

Casa Entre Encinas
Fotografía: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)

Las grandes superficies acristaladas refuerzan esa continuidad visual con el exterior: la vegetación entra como fondo constante. El resultado es un interior donde la luz no solo ilumina, también marca horas; donde el encinar se convierte en un reloj suave que cambia de tono con la tarde.

Planta baja: vida pública y dos lugares de trabajo sin aislar la casa

En la planta baja se concentran las áreas de uso más público y aparecen dos espacios de trabajo integrados en la vida cotidiana. Es un detalle muy de “actualidad”: el home office ya no es una excepción, pero tampoco siempre quiere ser un cuarto hermético.

Aquí la clave está en el grado de integración en el diseño residencial. Dos puestos permiten trabajar sin exiliarse: estar cerca del pulso doméstico sin vivir dentro del ruido. Para un día real, eso significa videollamadas con luz natural, pausas que desembocan en el porche, y una transición rápida entre concentrarse y volver a la mesa.

Planta superior: pasarela, distancia y privacidad bien medida

Arriba se ubican los dormitorios. El principal se separa del resto mediante una pasarela que cruza el espacio central. Ese gesto hace dos cosas a la vez: refuerza la relación visual entre niveles (la casa se entiende como una unidad) y crea distancia psicológica (lo privado no queda pegado a lo común).

Casa Entre Encinas
Fotografía: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)

La pasarela funciona como un umbral suspendido: un cambio de ritmo. En una casa grande, esa pausa importa. No es lo mismo “subir al dormitorio” que atravesar un puente que te recuerda que entras a otro régimen de silencio, temperatura y luz.

Sótano y servicio: lo necesario fuera del encuadre principal

El sótano se destina a garaje y zonas de servicio. Es un reparto clásico, pero aquí ayuda a que la planta principal sea limpia: menos interrupciones en los recorridos, menos puertas “de trabajo” en las zonas de estar, más continuidad entre interior y exterior.

En términos domésticos, el sótano suele ser donde la casa guarda su logística: almacenamiento, instalaciones, coches, todo lo que sostiene el día a día sin pedir protagonismo.

Materialidad: piedra, vidrio y un filtro metálico para dialogar con el encinar

La integración con el entorno se apoya en una combinación sobria: piedra natural, grandes planos acristalados y una envolvente metálica que filtra la luz. La piedra ancla la casa al terreno; el vidrio la abre; el metal introduce un tercer estado entre ambos: ni muro opaco ni transparencia total.

Ese filtro es clave cuando el paisaje manda. Bajo ciertas horas, la casa no busca brillar: busca “afinarse” con los tonos cambiantes del exterior. Y cuando cae la tarde, la luz interior empieza a revelar los espacios sin convertirlos en vitrina.

Exterior como prolongación: porches, terrazas y piscinas a ras de vida

El espacio exterior se organiza como una prolongación natural de la vivienda, con distintas áreas de estar y piscinas integradas en la parcela. Porches y terrazas se desarrollan al mismo nivel que los interiores, reforzando esa forma de habitar continua entre dentro y fuera.

Casa Entre Encinas
Fotografía: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)

La escena más convincente es la más simple: una puerta corredera abierta, sombra bajo el porche, y el jardín actuando como “segunda sala”. No es un exterior para mirar desde lejos; es un exterior para usar sin ceremonia.

Confort sin alardes: orientación, envolvente y energía bien gastada

La orientación, la envolvente y el sistema constructivo se plantean para lograr alto confort térmico con consumo energético reducido. En lugar de confiar en una única solución, la casa reparte la responsabilidad: control solar por forma, piel que filtra, y sistemas eficientes de climatización/ventilación.

En el día a día, ese tipo de decisiones se traducen en cosas poco fotogénicas pero definitivas: menos necesidad de cerrar persianas a mediodía, menos picos de calor, aire más estable y una casa que no te obliga a “pelear” con ella para estar a gusto.

Unode Estudio y la casa como instrumento de lugar

Unode Estudio, con sede en Madrid, trabaja arquitectura, diseño e interiorismo desde 2013, con una práctica que insiste en el contexto y en las personas que habitan cada proyecto, sin fórmulas estilísticas fijas. En Casa Entre Encinas esa postura se vuelve concreta: decidir dónde se posa la casa es tan importante como decidir cómo se ve.

Casa Entre Encinas
Fotografía: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)

La filosofía se reconoce en dos decisiones nítidas. Una espacial: el gran vacío en doble altura como centro social y la pasarela como umbral de privacidad, construyendo relaciones visuales sin mezclarlo todo. Y una material: piedra, vidrio y un filtro metálico que permiten apertura y control, haciendo que la casa respire con el paisaje en vez de imponerse.

Como enseñanza para la tipología, Casa Entre Encinas recuerda algo útil: una vivienda unifamiliar contemporánea no se mide solo por “más espacio”, sino por menos fricción. Cuando la topografía, la luz y los umbrales están bien resueltos, la casa se vuelve más fácil de habitar… y el jardín deja de ser un fondo para convertirse en rutina.

Al final, Casa Entre Encinas funciona como una casa que se recorre con el cuerpo: ¿qué parte de tu día cambiaría si el paso entre salón, porche y jardín fuera un único gesto continuo?

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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