FiumeArchitecture hace convivir una residencial entre memoria y uso actual
En Quartiere delle Vittorie, FiumeArchitecture reforma un apartamento de 1920 sin borrar su estructura visible. La intervención residencial «Un diálogo entre épocas», trabaja con vigas, columnas y tuberías expuestas, y las pone en relación con materiales nuevos, vidrieras restauradas y piezas a medida para una vida doméstica más ordenada.
El proyecto, completado en 2025, evita la neutralización del interior. En su lugar, deja que el pasado siga presente mientras ajusta el espacio a una colección privada y a una circulación cotidiana más contenida, con cambios que se perciben en la luz, los umbrales y la manera de habitar cada estancia.
Un Diálogo entre Épocas es la reforma de un apartamento residencial en Roma firmada por FiumeArchitecture. Conserva elementos originales de los años 1920 y los hace convivir con soluciones contemporáneas para ordenar el uso diario, filtrar la luz y adaptar el interior a una colección privada sin borrar su carácter constructivo.
La estructura vista como parte del interior
Las vigas de hormigón armado, las columnas y las tuberías quedan expuestas en vez de quedar ocultas detrás de un acabado uniforme. Esa decisión no solo preserva la memoria material del edificio: también orienta la lectura del espacio y hace visible su origen sin convertirlo en una pieza detenida en el tiempo.
La casa se entiende mejor cuando la estructura deja de ser fondo y pasa a formar parte del orden doméstico. Hay una claridad espacial que nace de aceptar lo existente y trabajar con ello, no contra ello.
Materiales recuperados y superficies nuevas
El suelo mezcla baldosas de cemento recuperadas con parquet contemporáneo y resina negra. La combinación no busca imitar una continuidad falsa; prefiere una transición medida entre capas temporales distintas, con texturas que se distinguen y se sostienen entre sí.
Ese contraste controla el tono del interior. Lo recuperado no aparece como reliquia y lo nuevo no borra lo anterior: ambos materiales organizan una casa que se mueve entre memoria y presente sin perder coherencia.
Un diálogo entre épocas: vidrieras y umbrales que filtran la luz
Las vidrieras restauradas de estilo Liberty trabajan junto con una mampara nueva hecha a medida. Entre ambas, la luz deja de entrar como un dato uniforme y empieza a modelar la privacidad, la orientación y el paso entre zonas con una cadencia más precisa.
Esa relación entre transparencia y separación da aire al apartamento sin abrirlo por completo. El interior conserva cierta intimidad, pero evita el cierre rígido, algo útil en una vivienda donde la circulación y la pausa parecen responder a usos distintos.
Cocina, vitrinas y resguardo de la colección
La cocina negra, las vitrinas iluminadas y la cortina acústica de terciopelo negro ordenan el encuentro entre vida doméstica y colección privada. Arte, muebles antiguos y vidrio vintage no quedan dispersos ni absorbidos por el fondo; encuentran un marco sobrio que regula presencia, resguardo y visibilidad.
Aquí la reforma no plantea la colección como decorado. La integra como una parte activa del habitar, con piezas que se muestran y se protegen al mismo tiempo, y con un ambiente más contenido en lo sonoro y en lo visual.
Marzia Fiume Garelli y el enfoque de FiumeArchitecture
La intervención se atribuye a Marzia Fiume Garelli desde FiumeArchitecture, y ahí se reconoce una forma de trabajar la vivienda que no separa conservación y ajuste contemporáneo.
La arquitectura conserva huellas precisas y luego introduce elementos nuevos que ordenan el uso sin imponer una lectura cerrada. En este proyecto, la identidad aparece en la manera de hacer convivir materiales, luz y programa doméstico con una atención clara a lo ya existente.
Habitar una memoria que sigue activa
En 140 m², la reforma evita el gesto de borrar para empezar de cero. Prefiere ajustar, separar y conectar, de modo que la vida cotidiana encuentre un interior legible, con umbrales claros y una relación más precisa entre exposición y resguardo.
Roma, en este caso, no funciona como telón de fondo. La ciudad queda inscrita en la vivienda a través de su estructura de 1920, y la actualización contemporánea toma esa base para sostener un uso actual sin desligarlo de su historia material.
