Scrap Labs lleva la tecnología de fusión láser de polvo metálico a un formato compacto.
Scrap 1 comprime una tecnología de metal que suele ocupar entornos industriales y la lleva a una huella de taller. La decisión no se limita al tamaño: reordena la preparación, la impresión, la recuperación y el siguiente uso de la máquina con una lógica más cercana a un equipo de trabajo que a una instalación cerrada.
En esa reducción de escala se juega buena parte de su sentido. Scrap Labs plantea el proceso LPBF en formato de escritorio, con control desde navegador, compatibilidad con slicers conocidos y una secuencia pensada para alternar trabajos sin reclamar una infraestructura desproporcionada.
Scrap 1 es una impresora 3D de metal de sobremesa desarrollada por Scrap Labs. Utiliza tecnología de fusión láser sobre lecho de polvo (LPBF) para fabricar piezas metálicas funcionales, con un volumen de impresión de 100 × 100 × 100 milímetros y un formato pensado para pequeños talleres y laboratorios.
Un formato compacto para metal de escritorio
La primera decisión visible es el recorte de escala. Scrap 1 se presenta como un sistema de sobremesa capaz de trabajar metal sin exigir la presencia física de una máquina industrial de gran tamaño. Ese cambio vuelve más manejable su ubicación en un laboratorio, un estudio técnico o un taller pequeño, donde el espacio disponible también condiciona qué tipo de fabricación puede convivir con el resto de la actividad.
El volumen de construcción de 100 x 100 x 100 mm confirma esa apuesta por piezas contenidas y por un uso orientado a prototipos o series cortas. No se trata de una reducción solo formal: limita el tamaño de lo que puede fabricarse y, al mismo tiempo, redefine las decisiones que tienen sentido alrededor de la máquina, desde la preparación del archivo hasta la gestión del material y la recuperación de la pieza.
El flujo de trabajo cuenta tanto como la máquina
Scrap 1 no se plantea solo como impresora, sino como un recorrido de uso. El panel en navegador, la compatibilidad con ScrapSlicer, PrusaSlicer y OrcaSlicer, y la secuencia en cuatro pasos —preparar, imprimir, recuperar y desplegar— organizan el proceso completo. Esa estructura reduce la sensación de equipo aislado y lo acerca a una herramienta que se integra en un flujo técnico más amplio.
La consecuencia es práctica: la experiencia no termina en la capa impresa. Recuperar la plataforma, gestionar el material y volver a dejar la máquina lista para otro trabajo forman parte del mismo gesto. Ahí aparece una lectura más precisa de la propuesta: no solo imprime metal, también ordena el tiempo entre una pieza y la siguiente.
Montaje, mantenimiento y rotación de trabajos
El kit y la versión ensamblada apuntan a dos modos distintos de acceso, pero ambos mantienen la idea de un sistema que no necesita quedar fijo en una sola configuración. La plataforma extraíble sin herramientas y los cambios rápidos de material buscan reducir fricciones entre trabajos, algo que en una máquina de este tipo pesa casi tanto como la propia precisión de impresión.
Esa lógica favorece una relación más directa con el equipo. En vez de un sistema pensado para permanecer cerrado, Scrap 1 se presenta como una máquina que puede prepararse, ajustarse y volver a operar con menos interrupciones. Para quienes trabajan en prototipado o iteración técnica, esa continuidad puede resultar tan relevante como la resolución del proceso.
Precio, reserva y acceso relativo
El precio de lanzamiento es de 14.200 dólares para el kit y 17.990 dólares para el sistema ensamblado y probado. Las reservas no son contratos de compra y la disponibilidad depende de la preparación de producción, la región, el cumplimiento normativo y la configuración. Eso sitúa el producto en un terreno intermedio: ya está presentado con cifras y especificaciones, pero no como una disponibilidad abierta y definitiva.
En ese contexto, la propuesta se entiende mejor como una vía de entrada más baja al metal printing que como una promesa de adopción inmediata. La miniaturización no resuelve por sí sola la complejidad del proceso, pero sí reorganiza el umbral de acceso y la relación entre máquina, espacio y trabajo. Ahí está su interés: en cómo una escala reducida puede cambiar la manera en que se piensa fabricar metal sin salir del escritorio, desde la lógica de trabajo aditiva hasta la operación diaria.
