Reza Raeisifar convierte un residuo arquitectónico en una familia de luminarias
La colección Keker parte de una decisión material concreta: reutilizar lamas de persianas venecianas de aluminio para que dejen de bloquear la luz y pasen a dirigirla. A partir de ese giro, la colección se entiende como un sistema de iluminación capaz de repartir una emisión amplia y de suavizar la presencia de la fuente.
La lógica del proyecto no se agota en recuperar un material. También importa cómo esa construcción modular sostiene varias tipologías sin romper su principio: colgante, lineal, de techo, de pared y de pie. En todas, la luz se organiza a partir de la materia y no al revés.
Keker es una colección de luminarias de Reza Raeisifar desarrollada entre 2018 y 2025. Usa lamas de persianas venecianas de aluminio recuperadas, tres láminas acrílicas cortadas con láser y una fuente LED central.
Un cuerpo que dirige la luz
La estructura inicial se apoya en tres láminas acrílicas cortadas con láser que ordenan las lamas de aluminio y fijan el conjunto. Esa construcción deja claro que Keker no persigue una forma autónoma, sino una manera de reorganizar un residuo con función previa para convertirlo en un cuerpo de iluminación.
La fuente LED central queda parcialmente escondida por la curvatura de las lamas. Esa decisión reduce la visión directa del punto de emisión y desplaza la atención hacia la distribución de la luz, que se reparte en 360°. La pieza deja de mostrar el foco y pasa a mostrar cómo lo conduce y lo difunde.
Variantes, mismo principio
El sistema modular permite que Keker cambie de escala y de posición sin perder su lógica constructiva. La colección deriva en versiones colgante, lineal, de techo, de pared y de pie, y en cada caso mantiene la misma relación entre material recuperado, fuente central y difusión amplia. La variación no altera el principio; solo lo adapta a distintos emplazamientos.
También hay una consecuencia espacial clara: la luminaria puede acompañar recorridos, fijarse a un plano o resolverse como pieza autónoma sin cambiar de lenguaje. La forma sigue atada a cómo reparte la luz y a cómo esa luz encuentra sitio en interiores diversos. Ahí el proyecto gana interés, porque la transformación del material se vuelve visible en el uso.
De residuo a sistema
El valor de Keker está en ese paso de objeto recuperado a sistema de iluminación. La persiana deja de ser un resto reconocible para convertirse en un recurso que organiza dirección, difusión y control de la luz. El uso de aluminio recuperado no funciona aquí como eslogan, sino como una condición que modifica la lectura del conjunto.
Entre 2019 y 2025, la colección pasó de una primera aparición en Teherán a una presentación unificada de sus formatos. La idea permanece simple del diseñador Reza Raeisifar: convertir un elemento pensado para bloquear la luz en una herramienta para distribuirla.
