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Laundry Chair convierte una silla en mobiliario híbrido

Laundry Chair

Ocultar el desorden sin pelear con tus hábitos

Laundry Chair parte de una escena doméstica demasiado conocida: la silla del dormitorio que deja de ser asiento y termina atrapada bajo camisas, pantalones y prendas “todavía no sucias”. Simone Giertz la convierte en objeto real junto a Yetch Studio y, por ahora, la presenta como una campaña exclusiva de Kickstarter.

Lo interesante es que no intenta corregir el hábito, sino darle forma. La curva del aro, el giro del mecanismo y la presencia cálida de la estructura negocian a la vez fricción cotidiana, interfaz de uso y materialidad doméstica: menos culpa visual, más orden inmediato, sin expulsar la ropa del cuarto.

La Laundry Chair es una silla tapizada con una barra semicircular giratoria integrada para colgar ropa ya usada, ventilarla y esconderla detrás del respaldo. Diseñada por Simone Giertz y desarrollada en Yetch Studio, se está presentando mediante Kickstarter antes de su salida comercial más amplia.

Diseñar para el día normal

La tesis del proyecto se ve en un solo gesto: no negar la montaña de ropa, sino absorberla. En vez de tratar la “silla de la ropa” como un mal hábito que hay que eliminar, Laundry Chair acepta que muchas prendas viven unas horas entre el cajón y el cesto, y les reserva un lugar visible pero controlado.

Ese cambio parece pequeño hasta que imaginas la escena completa. El asiento queda libre, la chaqueta no toca el suelo y el dormitorio no gana otro perchero improvisado. La fricción ya no se resuelve escondiendo el problema fuera de cuadro, sino integrándolo en el propio mueble.

La barra que gira y devuelve el asiento

La pieza central es la barra giratoria que rodea la silla y se mueve con un mecanismo Lazy Susan de rodamientos. Hacia delante funciona como un tendedero corto donde la ropa cae extendida; hacia atrás, desaparece detrás del respaldo y despeja la lectura visual del conjunto.

Ahí aparece la mejor decisión de interfaz: no hay tapas, ganchos ni accesorios extra que aprender. Solo un giro. Esa sencillez permite que las prendas respiren mejor que en un montón arrugado y, al mismo tiempo, evita que el asiento quede inutilizado durante días.

Materiales que no suenan a truco

Yetch describe un armazón de madera maciza pensado para resistencia y longevidad, combinado con pana de algodón 100% y costuras reforzadas. No es un lenguaje de gadget: es un vocabulario de mueble que quiere quedarse quieto en la habitación y envejecer con uso, no con disculpas.

Laundry Chair

Dentro del diseño de mobiliario, eso importa más de lo que parece. Si la solución hubiese caído en un gesto demasiado técnico, habría terminado pareciendo accesorio temporal; con esta mezcla de tacto textil, estructura visible y proporciones de butaca, la función extra se integra sin convertir la pieza en chiste.

De invento viral a objeto financiado

La Laundry Chair no nace directamente para un catálogo. Antes fue un proyecto mostrado en video por Giertz y luego maduró hasta convertirse en producto dentro de Yetch, la marca que fundó en 2022 para desarrollar soluciones singulares para problemas cotidianos desde una visión muy personal y manual.

Esa trayectoria se nota en el objeto. Sigue teniendo algo de prototipo honesto —una idea clara resuelta con una mecánica comprensible—, pero ya entra en la lógica del crowdfunding: medir deseo real, convertir una intuición doméstica en producción y comprobar si una rareza útil puede volverse tipología.

Cuando una marca diseña desde la molestia mínima

Yetch Studio se presenta como una firma dedicada a crear soluciones singulares para problemas cotidianos, fundada por Simone Giertz y guiada por su enfoque creativo y práctico. Ese alcance se ve bien aquí: no persigue la gran innovación tecnológica, sino el ajuste fino de un comportamiento que casi todo el mundo reconoce al mirar un dormitorio al final del día.

Simone Giertz

La filosofía aparece en dos decisiones muy concretas. La primera es espacial: hacer que la ropa gire detrás del respaldo en lugar de colonizar el asiento. La segunda es material: sostener esa maniobra con estructura de madera, tapizado de algodón y un giro suave que no pide explicación cada vez que lo usas.

La enseñanza para esta tipología es directa: una silla no tiene por qué defender una imagen ideal de orden, también puede asumir la versión más frecuente de la vida doméstica. Cuando el mueble acepta el hábito real, deja de corregirte y empieza a colaborar contigo.

Laundry Chair funciona porque no pretende convertir la ropa usada en un problema moral ni en una escena de almacenaje invisible. La vuelve un gesto limpio, reversible y casi natural. Esa quizá sea su mejor lectura de actualidad: en un momento obsesionado con ocultarlo todo, este proyecto propone ordenar sin fingir. ¿Cuántos objetos del dormitorio mejorarían si se diseñaran para el día normal y no para la foto perfecta?

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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