InicioModaDesfile de la colección L'Alba PUCCI Primavera-Verano 2026

Desfile de la colección L’Alba PUCCI Primavera-Verano 2026

PUCCI Primavera-Verano 2026

L’Alba lleva a la casa a una hora incierta, donde el estampado ya no trabaja solo como superficie sino como una manera de ordenar el cuerpo, el color y el movimiento

PUCCI presentó L’Alba como su colección Primavera-Verano 2026 en la Grotta dei Cordari, en Sicilia, bajo la dirección de Camille Miceli. El punto de partida oficial no es una estación en abstracto sino una franja más rara: ese momento en que todavía no está claro si la noche terminó o si la mañana apenas empieza.

Lo interesante no es la metáfora del amanecer, bastante fácil en una casa tan ligada al Mediterráneo, sino cómo se vuelve visible en la ropa. Hay negro donde se esperaba expansión cromática, fucsias que parecen recalentados por el sol, azules y arenas que bajan la temperatura, y una silueta que alterna entre el jersey pegado al cuerpo, el kaftán, la pieza bordada y el accesorio que arrastra la imagen hacia la ciudad sin soltar la playa.

El amanecer aquí no es romántico

El primer golpe de vista no llega como una postal luminosa. En uno de los looks iniciales, una chaqueta acolchada negra corta la pasarela con un remolino encendido en naranja, rojo y rosa; detrás, la roca de la gruta vuelve todo más seco, más mineral, menos turístico. Ese contraste le sienta bien a la colección PUCCI Primavera-Verano 2026: el amanecer no aparece como promesa blanda, sino como una luz que todavía arrastra restos de la noche.

La colección PUCCI Primavera-Verano 2026 oscilac entre energía y calma, entre optimismo y escape. Pero donde mejor se entiende es en la forma en que el color deja de inundarlo todo y empieza a aparecer por franjas, bordes, cinturones o destellos sobre negro. En L’Alba, la exuberancia de PUCCI no desaparece; se disciplina.

Cuando el estampado deja de cubrirlo todo

Camille Miceli reactiva motivos de la casa como Occhi, Soleil o Vivara, pero la colección no depende solo de la expansión gráfica. En varios looks, el estampado ya no funciona como campo total sino como estructura visual: enmarca un top corto, aprieta una cintura baja, cae sobre un foulard o atraviesa una pieza de jersey como si señalara por dónde debe moverse el cuerpo.

Ahí es donde el prêt-à-porter de verano gana precisión. Un vestido de jersey en rosa y negro se pega al torso sin perder fluidez; un conjunto mínimo de top geométrico y minifalda abre pierna y cadera sin caer en la fantasía de resort automática; un mono negro con ribetes fucsia y hombros al aire vuelve el gráfico casi atlético. Más que vestir unas vacaciones, la colección ensaya un verano que necesita desplazarse entre horas, contextos y temperaturas de ánimo.

También ayuda la mezcla de materiales: knits de malla suelta, jersey lurex semitransparente, sedas interpretadas como vestidos y tops, bordados en oro sobre negro, paillettes que responden a la luz como si todavía quedara agua de noche sobre la tela. No es una colección ligera en el sentido banal del término; es una colección aireada, sí, pero con peso visual.

Sicilia pesa en la pasarela

La Grotta dei Cordari no funciona aquí como simple decorado. La piedra porosa, la escala de la cueva y el recorrido junto al agua obligan a mirar de otro modo los colores de la colección. Los tonos arena y azul tienen una explicación inmediata en el paisaje, pero lo más eficaz es otra cosa: el fondo pétreo enfría el estampado y hace que cada fucsia, cada rojo y cada brillo metálico tengan que abrirse paso.

Ese anclaje siciliano también baja a los accesorios. Las sandalias gladiadoras que trepan por la pierna, cinturones grandes en cuero y metal, joyería descompuesta en collares de múltiples colgantes, un Warrior Ring alargado y la bolsa Pupa, pensada como objeto escultórico en cuero o como cesta de mimbre rematada en seda. Son piezas que evitan que el desfile quede suspendido en una abstracción solar: le devuelven fricción, peso y una relación más directa con el cuerpo.

Un verano que llega después de la noche

L’Alba importa porque afina una dirección dentro de PUCCI. Bajo Miceli, la casa sigue trabajando con viaje, alegría y memoria impresa, pero aquí esa energía entra en una zona menos obvia. El verano ya no aparece como estado de plenitud permanente, sino como una secuencia más creíble: salir, volver, seguir vestida para varias escenas, llevar todavía la noche encima mientras ya cambió la luz.

Por eso el desfile funciona mejor cuando deja de pensar el amanecer como imagen y lo vuelve regla de construcción. El negro encuadra, el estampado corta o acompaña, la silueta aprieta y suelta en los lugares justos, y Sicilia no adorna: corrige el tono. El verano que propone PUCCI no empieza en la postal, sino en ese momento más difícil de fijar en el que la fiesta ya pasó, el sol ya salió y la ropa todavía tiene algo que decir.

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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