Yinka Ilori convierte el imaginario solar de la maison en piezas que no terminan en el descorche
Veuve Clicquot presenta Chasing the Sun como una colección de edición limitada firmada junto al artista y diseñador Yinka Ilori, desplegada en la Milan Design Week 2026 y construida alrededor de una idea muy precisa: llevar el universo solar de la maison fuera de la botella y convertirlo en objeto. La operación parte del amarillo Clicquot, pero no se queda en el código gráfico; lo traduce en piezas para regalar, servir, exhibir y conservar.
En lugar de tratar el diseño como un envoltorio festivo, Chasing the Sun ensaya algo más duradero: un sistema de formas, colores y usos que intenta dar una segunda vida al gesto de abrir champagne. Ahí es donde la colección deja de parecer una colaboración decorativa y empieza a leerse como una intervención sobre el accesorio de mesa y el diseño de packaging.
Chasing the Sun es la nueva colección de edición limitada con la que Veuve Clicquot, junto a Yinka Ilori, traslada su imaginario solar a un conjunto de objetos funcionales: un Sun Holder, Sun Totems y una Arrow reimaginada para convertir el packaging en pieza durable.
Cuando el amarillo Clicquot deja de ser color y pasa a ser tema
La colección nace como un nuevo capítulo creativo para Veuve Clicquot, vinculado a una visión que la maison asocia a su historia desde hace más de dos siglos: celebrar la alegría y el optimismo. El punto de partida es casi obvio —la huella solar de su amarillo icónico—, pero el acierto está en no tratarlo como simple identidad visual. Chasing the Sun intenta convertir ese color en ambiente, en símbolo y en repertorio formal.
Ahí Yinka Ilori encaja sin fricción. El trabajo de su estudio se define como una práctica multidisciplinar atravesada por un lenguaje visual intenso, narrativo y accesible, con una atención constante al color, la participación y el optimismo. En esta colaboración, esa afinidad no aparece solo en la superficie: se nota en los motivos de manos abrazando el sol, en las paletas saturadas y en una manera de hacer que cada pieza parezca menos un contenedor premium y más una presencia escénica dentro de la mesa o el interior.
Del packaging al objeto que se queda
La parte más destacada de Chasing the Sun está en cómo desplaza el packaging hacia una familia de objetos con vocación de permanencia. El Sun Holder reimagina la cubitera de champagne a partir de la calabaza o calabash; los Sun Totems retoman esa referencia como recipiente portátil y escultural; la Arrow vuelve sobre una de las piezas más reconocibles de Veuve Clicquot —su flecha de regalo— para insistir en la idea de dirección, distancia y memoria del lugar.
Ese movimiento importa porque cambia el tipo de relación con la marca. La botella ya no es el único centro visual de la escena. También cuentan el soporte que la enfría, el objeto que la acompaña y la caja que puede quedarse en una estantería o volver a circular como regalo. En vez de resolver una ocasión, la colección intenta instalar un pequeño repertorio doméstico alrededor del champagne.
Hay además un detalle material que conviene no pasar por alto. Veuve Clicquot describe el Sun Holder y los Sun Totems como piezas elaboradas con materiales upcycled mediante tecnología de tejido 3D, una decisión que no conviene leer como eslogan verde automático, pero sí como un esfuerzo por alejar estos objetos de la rigidez habitual del packaging de lujo. Aquí la textura textil, el volumen blando y la ligereza ayudan a que el objeto entre mejor en el uso real: se transporta, se toca, se deja sobre la mesa y no parece condenado al descarte inmediato.
La Arrow vuelve a señalar, pero ahora también quiere quedarse
La Clicquot Arrow siempre fue un objeto peculiar dentro del universo de la maison: una señal de carretera convertida en caja regalo, personalizada con la distancia entre el lugar elegido y las bodegas de Reims. En Chasing the Sun, esa pieza se reinterpreta con los patrones de Ilori y gana un gesto más narrativo. Sigue señalando un destino, pero ahora también funciona como recuerdo gráfico de un desplazamiento y como objeto de sobremesa con más presencia que una caja convencional.
Es, probablemente, la pieza que mejor resume la lógica de toda la colección. No inventa una nueva tipología: corrige una ya existente hasta volverla más visible, más emocional y más fácil de retener. En tiempos en que muchas colaboraciones entre marcas y diseñadores se agotan en una piel nueva, aquí la operación tiene algo más concreto: mover un ícono de marca hacia una forma de uso que mezcla regalo, señalética y objeto coleccionable.
Veuve Clicquot presentó Chasing the Sun en Milán Design Week
La presentación de Chasing the Sun durante la Milan Design Week, refuerza esa ambición. Según Veuve Clicquot, la activación en Mediateca Santa Teresa incluye una instalación inmersiva, un café y una boutique, es decir, un entorno donde la colección no se mira como línea de producto aislada sino como atmósfera completa. Después, la distribución anunciada pasa por La Samaritaine y Printemps Haussmann, en París.

Chasing the Sun no quiere ser solo una serie de accesorios bonitos alrededor de una botella conocida. Quiere ocupar el espacio intermedio entre objeto, escenografía y ritual de hospitalidad; ese terreno donde el lujo ya no depende solo del acabado, sino de la capacidad de construir una escena reconocible.
Lo que Veuve Clicquot pone en juego no es una edición limitada, sino una manera de prolongar su mundo
No como una celebración del color por el color, ni como un gesto simpático firmado por un nombre reconocible, sino como una forma de estirar la vida visual y doméstica del champagne más allá del brindis. El Sol, las manos, la flecha, la cubitera blanda, el tótem portátil: todo empuja en la misma dirección.
Más que decorar el universo Veuve Clicquot, Yinka Ilori lo vuelve habitable. Y esa diferencia, en una colaboración entre marca y diseñador, no es menor: convierte el packaging en presencia, el regalo en objeto y la identidad visual en algo que puede quedarse en la mesa cuando la botella ya se vació.
