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Ginga: Anna Maya convierte el movimiento en sofá modular

Ginga

Un sistema modular que lleva el movimiento brasileño al centro de la sala

En el Salone del Mobile.Milano, dentro del espacio Brazilian Furniture Project, Anna Maya presenta Ginga, un sofá modular que toma su nombre de la oscilación continua que sostiene la capoeira. La arquitecta y diseñadora brasileña no usa ese gesto como referencia ornamental: lo vuelve una lógica de proyecto.

Después de casi tres décadas entre arquitectura e interiorismo, Maya concentra aquí varias constantes de su lenguaje —sobre todo la esfera— pero las pone a trabajar en una tipología doméstica muy concreta. La pieza importa porque no convierte la cultura brasileña en cita visual: la usa para discutir cómo un sofá puede dejar de ser un frente fijo y convertirse en un campo de relación.

La modularidad aquí no actúa como truco, sino como ritmo

Muchos sofás modulares prometen flexibilidad y terminan ofreciendo poco más que una suma de piezas intercambiables. Ginga se mueve en otra dirección. Cada elemento puede combinarse, rotarse o recomponerse, de modo que la variación no aparece como accesorio, sino como principio del proyecto. Lo que cambia no es solo la planta de la sala: cambia la manera en que el cuerpo se reparte, conversa o descansa dentro de ella.

Ginga

En el diseño de mobiliario, ese desplazamiento resulta significativo porque mueve la modularidad desde la pura eficiencia hacia la experiencia. No se trata únicamente de adaptarse a un metraje variable o de resolver mejor una esquina. Se trata de construir un paisaje doméstico menos frontal, menos obediente al sofá lineal, donde sentarse implica también negociar cercanía, apoyo y orientación.

Una base serena y un respaldo que parece seguir moviéndose

La base trabaja con volúmenes bajos y redondeados, casi silenciosos, articulados por costuras horizontales que introducen un compás visual muy preciso. Sobre esa calma aparece el gesto que fija la identidad de la pieza: el respaldo esférico, ligeramente fruncido, como si la tapicería todavía conservara la memoria de una torsión. No es un adorno blando. Es el punto en que el sofá deja de leerse como bloque y empieza a comportarse como secuencia.

Ginga

La esfera ya forma parte del vocabulario de la diseñadora Anna Maya, pero en Ginga gana una función más nítida. Actúa como apoyo, como señal visual y como contrapeso de la base lineal. La mirada pasa de una costura a otra y termina siempre en esa forma redonda que parece suspendida entre descanso y movimiento. El asiento estabiliza; el respaldo, en cambio, sugiere que el gesto todavía no terminó.

Costuras, texturas y volúmenes para evitar el sofá obediente

El proyecto también funciona cuando se mira de cerca. Las costuras no sirven solo para dividir paños o subrayar el oficio tapicero. Marcan el ritmo del volumen, ordenan la lectura del conjunto y permiten que tejidos, colores y texturas entren en diálogo sin dispersar la forma. Los tonos suaves y la superficie mate refuerzan esa sensación de suavidad contenida: el sofá no busca imponerse por contraste, sino por continuidad táctil.

Anna Maya

Esa contención es importante. Ginga podría haber caído con facilidad en la categoría de mueble escultórico hecho para la foto. Sin embargo, la pieza mantiene una lógica de uso bastante clara. Los módulos bajos, el apoyo generoso y la posibilidad de reconfiguración la acercan más a una topografía doméstica que a un objeto de exhibición. Incluso cuando algunas composiciones incorporan superficies auxiliares circulares, el conjunto conserva una lectura de proximidad y no de monumento.

Más que citar Brasil, Ginga lo vuelve estructura

La referencia brasileña no entra aquí como estampado, color local o guiño exótico. En Ginga, la capoeira funciona como una matriz de proyecto: equilibrio inestable, adaptación continua, relación activa con el espacio. Esa traducción es probablemente lo más fino del sofá, porque evita una operación frecuente en el diseño contemporáneo: usar la identidad cultural como superficie mientras la lógica del objeto sigue siendo genérica.

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También hay una dimensión industrial que conviene no perder de vista. La pieza fue presentada dentro del Brazilian Furniture Project, impulsado por Abimóvel y ApexBrasil, y suma una idea de durabilidad a través de componentes reconfigurables, maderas certificadas, tapicerías de origen renovable y procesos orientados a reducir desperdicio textil. Más que cerrar el discurso con una consigna verde, esa capa refuerza la tesis central del proyecto: un sofá que no se agota en una posición fija ni en una única vida doméstica.

Por eso Ginga deja una impresión menos literal y más persistente. No representa el movimiento como imagen; lo reparte en la forma, en la recomposición y en la manera en que el cuerpo ocupa la pieza. En un Salone acostumbrado a los gestos enfáticos, esa suavidad estructurada funciona como una toma de posición bastante clara.

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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