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Radicepura abre un concurso de diseño de jardines

Concurso de diseño de jardines

La sexta edición del festival siciliano pide menos jardín-escena y más convivencia entre especies, visitantes y clima

El Radicepura Garden Festival ha abierto la convocatoria internacional de diseño de su sexta edición, prevista para mayo-noviembre de 2027 en Giarre, Sicilia. Bajo el tema Gardens of Hope, Cultivating Coexistence, el festival seleccionará ocho jardines temporales para su parque botánico, un contexto poco frecuente porque obliga a pensar el paisaje no como fondo, sino como relación viva entre crecimiento, tiempo y uso.

Este concurso de diseño de jardines no pide una imagen espectacular sobre el terreno, sino un jardín capaz de convivir con plantas autóctonas, especies exóticas, fauna, visitantes y estaciones sin convertir la naturaleza en decorado obediente. En lugar de control total, plantea una pregunta más exigente: cómo diseñar un espacio donde humanos y botánica compartan ritmo.

El jardín debe negociar con todo lo que vive

Dentro del pasajismo contemporáneo, pocas convocatorias piden con tanta claridad que las plantas guíen parte de la experiencia humana. El brief imagina recorridos suaves, hábitats para fauna, árboles de larga vida, floraciones por capas, bancos o terrazas para observar el tiempo y elementos de agua. El jardín aparece menos como composición cerrada que como una forma de convivencia donde humanos y botánica dejan de ocupar posiciones separadas.

Ese matiz importa. La directora artística Emanuela Rosa-Clot define el jardín como santuario y aula al mismo tiempo: un lugar donde la paciencia, el crecimiento y la coexistencia no se anuncian como ideas abstractas, sino que deberían sentirse en el uso. Para quien participe, la dificultad no estará en producir un gesto heroico, sino en dar forma a un paisaje que se deje habitar sin perder complejidad.

Aquí el tiempo también forma parte del proyecto

A diferencia de otros concursos de paisajismo que se agotan en el render o en la escena inaugural, este obliga a pensar en duración. El festival se extiende durante seis meses, los jardines deben funcionar también en horario nocturno y el mantenimiento debe reducirse al mínimo o quedar claramente previsto. El clima tampoco es neutro: el suelo es volcánico, fértil y bien drenado; los veranos son muy calurosos, agosto concentra el pico térmico y el invierno trae viento y tormentas mediterráneas cortas.

Ahí está la parte más seria del encargo. No basta con elegir especies atractivas ni con construir una atmósfera convincente en primavera. Hay que decidir cómo envejecerá la plantación, qué papel tendrá la luz, cuánto trabajo exigirá la obra una vez abierta y cómo se moverá el visitante cuando el jardín ya no sea promesa, sino uso repetido.

La primera fase no pide perfección, sino una idea legible

La selección se divide en dos etapas. La primera funciona como una prueba de claridad: un dossier anónimo, en PDF y formato A3 horizontal, de un máximo de cuatro páginas, con título, texto breve, imágenes o bocetos evocadores y una explicación del concepto botánico. Toda la documentación debe presentarse en italiano e inglés. Después, las propuestas finalistas pasan a una segunda fase donde ya toca colocar la idea en un área concreta del festival y convertirla en proyecto ejecutivo con planos, secciones, vista 3D, plantación y presupuesto.

También conviene mirar quién leerá esas propuestas. El jurado estará presidido por Sarah Eberle e incluirá a Silvia Arnaud Ricci, Laura Gatti y Antonio Perazzi, una combinación que sugiere que la convocatoria no separará con facilidad la fuerza visual de la viabilidad técnica. En este concurso de diseño de jardines, la intuición inicial importa, pero tendrá que sobrevivir al momento en que el terreno, el coste y la construcción empiecen a discutirla.

Quién puede participar y qué condiciones cambian el juego

La convocatoria abierta admite profesionales individuales o equipos emergentes de arquitectura, paisaje, agronomía, jardinería, botánica, urbanismo, ingeniería, arte o curaduría, además de empresas, asociaciones, cooperativas, escuelas y universidades. El límite de edad marca el acceso: nadie puede haber cumplido 37 años el 30 de octubre de 2026, aunque los estudiantes sí pueden contar con un tutor universitario de mayor edad. La inscripción es gratuita.

Hay varias condiciones prácticas que vale la pena leer despacio. El presupuesto de ejecución por jardín es de 10.000 euros, dividido entre compra de plantas y materiales con asistencia técnica; esa cifra no incluye honorarios. Los proyectos seleccionados recibirán además un bono de 1.000 euros para viaje, transporte y comida, gestionado por el propio festival, y el alojamiento durante la instalación se plantea dentro de la finca. A eso se suma un detalle menos visible y nada menor: las bases establecen la cesión exclusiva de derechos de los proyectos ganadores al Radicepura Garden Festival.

Fechas clave para participar

  • Cierre de la fase 1: 30 de octubre de 2026
  • Comunicación de finalistas: 30 de noviembre de 2026
  • Entrega de la fase 2: 5 de enero de 2027
  • Anuncio de ganadores: 15 de enero de 2027
  • Construcción en sitio: de febrero a abril de 2027
  • Inauguración del festival: mayo de 2027

Un jardín como ensayo de convivencia

Lo más fértil de esta convocatoria no es su promesa de visibilidad internacional, sino el desplazamiento que propone. Pide jardines capaces de alojar biodiversidad, aceptar desgaste, enseñar paciencia y dejar que el visitante ajuste su paso al crecimiento de otros seres vivos. Ese cambio, del jardín como imagen al jardín como convivencia, vuelve este concurso algo más que una plataforma para jóvenes diseñadores: lo convierte en una toma de posición sobre cómo queremos compartir espacio con lo vivo.

Para obtener más información y participar en Gardens of Hope, Cultivating Coexistence, visite la web oficial del concurso.

Jose Julián Lugo
Jose Julián Lugohttps://ideasdi.com/
Soy editor en ideasDi, donde observo el diseño contemporáneo desde la cultura visual, la vida cotidiana y la industria. Me interesa leer los proyectos más allá de su apariencia: cómo un objeto se usa, cómo un espacio cambia una rutina, cómo una prenda construye presencia o cómo una interfaz modifica nuestra relación con lo digital. Busco entender qué hace el diseño en el mundo, no solo cómo se ve.

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